.
(a la salud de un tal Pablo
y su Oda al caldillo de congrio).

Se pierde la manteca
en la curva de barro
(se pierde como el sentido
se derrama en los cuerpos).
Que levanten su zafra dorada
la cebolla y el ajo,
vueltos astillas de la tierra
sobre la faz de la cacerola.
Tan sólo luego,
que tiendan un colchón salpimentado
cobrizas ruedas finas
de cinco zanahorias.
Segundos más tarde
cubrir su reposo de fuego
con la húmeda sábana
del jugo de una naranja.
.
Afuera,
mientras el tiempo
del calor y del barro
muerde la dureza
de los discos vegetales,
se desclava la boca
de una botella helada.
Se raspa con el olfato el corcho:
debe oler rabiosamente a torrontés.
.
La música y las palabras
conmemoran todas las noches
que justifican esta luna.
Será tiempo
de que una cucharada
de fécula de maíz
se muera de blanco
en una taza de leche.
Que hagan antesala
sendas copas:la del vino descorchado
y la del jugo de aún otra naranja.
Para entonces
que el hilo de las palabras
se enrrede en el perímetro
de cuatro rodajas de salmón rosado,
aligerado de excesos grasosos
y abundantemente besado
en albahaca y sal.
Basta pues
con destapar el coloso de barro
y asegurarse de que su presa vegetal
haya alcanzado la tierna consistencia
de la noche y las estrellas.
Derramar, lenta,
la leche mordida de maíz.
La cuchara masculina
trazará una perpendicular al centro del fuego.
Que bata entonces sus alas de madera y
al espesarse las aguas anaranjadas
reintegrar el pescado arrancado de las entrañas saladas
de la latitud americana.
Incrementar apenas el fuego,
el de las palabras y el de la lumbre.
Y en el silencio
que el estrépito del vino y del jugo
aplaudanal caer
el prodigio de estar vivos.
.
Después las luces
quebrando sus rectas en el cristal de las copas.
Que un piano las corrija
"tirándose por la cabeza
los teclados del cielo" (*)
.
Ydespués de todo después, la noche.
Eso.
(*) frase robada a Neruda en referencia a Bola de Nieve,
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