martes, 14 de julio de 2009




Salmón en sábanas de naranjas
.
(a la salud de un tal Pablo
y su Oda al caldillo de congrio).
.
.



Se pierde la manteca


en la curva de barro


(se pierde como el sentido


se derrama en los cuerpos).


Que levanten su zafra dorada


la cebolla y el ajo,


vueltos astillas de la tierra


sobre la faz de la cacerola.


Tan sólo luego,


que tiendan un colchón salpimentado


cobrizas ruedas finas


de cinco zanahorias.


Segundos más tarde


cubrir su reposo de fuego


con la húmeda sábana


del jugo de una naranja.


.


Afuera,


mientras el tiempo


del calor y del barro


muerde la dureza


de los discos vegetales,


se desclava la boca


de una botella helada.


Se raspa con el olfato el corcho:


debe oler rabiosamente a torrontés.
.


La música y las palabras


conmemoran todas las noches


que justifican esta luna.


Será tiempo


de que una cucharada


de fécula de maíz


se muera de blanco


en una taza de leche.



Que hagan antesala


sendas copas:la del vino descorchado


y la del jugo de aún otra naranja.


Para entonces


que el hilo de las palabras


se enrrede en el perímetro


de cuatro rodajas de salmón rosado,


aligerado de excesos grasosos


y abundantemente besado


en albahaca y sal.


Basta pues


con destapar el coloso de barro


y asegurarse de que su presa vegetal


haya alcanzado la tierna consistencia


de la noche y las estrellas.


Derramar, lenta,


la leche mordida de maíz.


La cuchara masculina


trazará una perpendicular al centro del fuego.



Que bata entonces sus alas de madera y


al espesarse las aguas anaranjadas


reintegrar el pescado arrancado de las entrañas saladas


de la latitud americana.



Incrementar apenas el fuego,


el de las palabras y el de la lumbre.


Y en el silencio


que el estrépito del vino y del jugo


aplaudanal caer


el prodigio de estar vivos.
.


Después las luces


quebrando sus rectas en el cristal de las copas.


Que un piano las corrija


"tirándose por la cabeza


los teclados del cielo" (*)
.



Ydespués de todo después, la noche.


Y los centauros.


Eso.


(*) frase robada a Neruda en referencia a Bola de Nieve,

al calor de cuya canción y en una cocina fue escrita esta receta


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